8 de noviembre de 2011

Suspendida


Suspendida…

Me siento entre las tinieblas errantes de un vaso solitario

Tiritando las verdades del alma en un despellejo de espanto.

¿A donde me dirijo, a donde corro luego de tanto rato?

¿Cómo amínalo la indecencia de un revolcón regalado?

Porque somos como el gato negro que se busca reflejado

En el cuarto oscuro de los espejos encamados,

Donde nadie sabe ya donde se guarda la conciencia

Y evitamos obligarnos a encontrarnos.


Suspendida…

En el aire efímero de las aguas violáceas

En el sentir inédito de no sentir nada

En las manos vacías de un hombre sin cara.

Me estremezco entre mis dedos como un pretexto

De noches satisfechas en quebrantos fingidos de relámpagos.

Y no tengo quejas, y no tengo espantos,

No tengo llantos, ni nostalgias estancadas,

No siento nada… nada…

Nada que no sea deseo pasajero

De aventuras olvidadas.

Nada que no sea el sentir efímero de un reto…

De un beso robado, de un roce extasiado,

Nada salvo un vacio sistemático,

Subterfugio de recuerdos olvidados,

Donde se enfrentan la pasión y la conciencia,

Donde se esconden la pena y el éxtasis momentáneo.

Un vacio de alforjas enredado,

Donde el perfume se fue con el viento,

El aliento se evapora sudado

Y la mañana se esconde en las sombras

De dos caras largas preguntando

En silencio susurrado: “¿Y ahora qué?”

Ahora nada. Nada ha pasado…


Y yo me quedo en la nada,

En la nada estática de recuadros

Donde zigzaguean silenciosos

Los recuerdos regalados…

Me quedo en la nada,

Como bailarina flotante

En cajita de mano…

Me quedo en la nada,

Suspendida en el amparo

De no saber lo que siento,

Lo que veo, lo que hago…

Así… Suspendida…

En el ámbar opaco

De seguir vaporando.

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