28 de marzo de 2012

Último Ardor



El agónico suceso de interiores desparramados.


La sonrisa entristecida
y la majestuosidad compartida
de un cuerpo sobre otro,
de un ciclo que se cierra,
de un comienzo que nos tiembla
el alma entre las sábanas.  

Y me muerdes y te muerdo
y compartimos el gutural sonido
de un placer arrebolado
donde los amaneceres se nos vienen
de momento entre las manos.

¿Para qué negar que nos deseamos?
Nos podemos esconder de la mirada,
acumularnos entre susurros y garras,
pavimentar el incendio de las noches pasadas
y eufóricamente sudar la necesidad
de la amplia divinidad del alma.

Pero no podemos ocultarnos del deseo,
del hambre reflejada en tus pupilas,
de mi mirada vaporada de gemidos,
de la necesidad eléctrica de sabernos hundidos,
de sentir… Sentir…. Nada más importa.

Porque el corazón vibra entrecortado,
la burbuja agónica de un grito se nos escapa
y el anochecer brilla como luciérnagas
que están extasiadas en la noche nublada.
Y quizás nos engañamos, quizás….

Pero esta noche nada importa, nada importa
salvo tus labios sudorosos sobre mi piel
y la sonrisa satisfecha de saber
que no hay mejor forma de decir adiós
que la de entrelazarnos de ardor.
  

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